Abstract: No obstante, el ingenio, la perspicacia, la ciencia y principalmente la creciente conciencia de la humanidad en torno al uso y abuso del recipiente llamado «medio ambiente» no ha sido equivalente a los desarrollos en otros temas como el comercio, la tecnología o las finanzas, si no por el contrario, ha sido tal la incapacidad, ineptitud, falta de control y ausencia de voluntad política y liderazgo que hoy en día nos enfrentamos al dilema de utilizar y renovar adecuada y racionalmente el recurso «medio ambiente» o comprometer la existencia misma de las generaciones futuras.

La utilización inconsciente por parte del hombre de este recurso ha cambiado el ritmo y dirección del proceso natural afectando en forma significativa los sistemas ecológicos, generando para la población cuotas y sacrificios, representados en condiciones de calidad de vida inferior con respecto al aire, al agua, a la baja productividad de la tierra, a la disminución de la producción de alimentos de origen animal y vegetal, al ruido, a la polución,  a la aglomeración, a la creciente inseguridad, al deterioro del paisaje, a la cada vez más frecuente aparición de desastres naturales (terremotos, tsunamis,  inundaciones, huracanes, sequías y heladas, etc.). Ante este desolador panorama, no queda otro camino que los gobiernos institucionalicen la reflexión y la acción hacia la conservación de los recursos naturales, mediante el diseño de políticas públicas que incluyan consideraciones explícitas de los aspectos ambientales en la identificación, formulación, evaluación, negociación, ejecución y operación de proyectos y, en la elaboración de “planes de desarrollo sostenibles”. Las “licencias ambientales” y los “planes de manejo ambiental de los proyectos”, son herramientas que se vienen institucionalizando en la mayoría de los países, no obstante, grandes proyectos de infraestructura o explotación minera o petrolera, dejan su lúgubre y sombría huella en las comunidades próximas, debido a insuficientes e incompletos inventarios y diagnósticos ambientales, que simplifican irresponsablemente las precauciones necesarias en el momento de ejecución y operación, en contraste, con los profundos y ponderados estudios técnicos y financieros, reiteramos.

Por otro lado, insistimos que la magnitud del problema es tal, que no es suficiente el establecimiento de normas y controles, y definir modelos para la planeación a nivel nacional o subnacional, sino que es preciso diseñar convenios bilaterales y multinacionales con el propósito de respetar y conservar el medio ambiente y conciliar los intereses de los países en desarrollo y los industrializados, pues los primeros que constituyen las tres cuartas partes de la población del mundo no deben permitir ser tratados como «basureros» del mundo industrializado, ni tampoco como “graneros” ilimitados de donde se pueden extraer sin restricción alguna todos los recursos. Podemos concluir entonces, que los retos del crecimiento de la economía tienen efectos sobre el «medio ambiente» con alcances mundiales, que es absolutamente necesario la cooperación internacional para enfrentarlos.

El recorrido por estas convocatorias a nivel planetario dejan el sabor amargo de la incomprensión y ausencia de compromiso y voluntad política de los principales Estados del mundo desarrollado que son sin duda los mayores contaminadores, lo que crea una desesperanza en torno a los verdaderos alcances y efectos de estos encuentros ecuménicos, pero lo más importante es que los líderes del mundo no parecen comprender la urgencia de comenzar a actuar acorde a los planteamientos rigurosos que se suelen presentar en dichos foros.

Conciliación entre la economía y la ecología (Economía circular)

Dado los juicios elaborados anteriormente, es necesario plantear una armoniosa convivencia entre la «economía» y la «ecología», con el fin de buscar el desarrollo, garantizando la continuidad de las empresas y respetando los recursos naturales (desarrollo sostenible). Recordemos que la «ecología» estudia las relaciones entre los organismos vivos y su ambiente; estas relaciones se pueden identificar como físicas, químicas y biológicas. El influjo de la actividad “técnica» y «económica» es cada vez mayor en los sistemas ecológicos, en efecto, si el desarrollo económico busca incrementar el bienestar de la población, entonces las técnicas de producción diseñadas para este propósito deben respetar las leyes ecológicas al mismo tiempo que cumplen con su cometido de optimizar el uso de los recursos. Por lo tanto, la concepción moderna del desarrollo no debe estar orientada exclusivamente a la utilización óptima de los recursos disponibles para atender las necesidades de la población, sino que también debe considerar las condiciones en que el hombre utiliza y modifica su medio ambiente, en una prospectiva vital (economía azul). Cabe anotar, que el sistema económico no es cerrado y menos autosostenido, en efecto, se advierte una continua influencia recíproca entre el proceso económico y el medio ambiente, por eso podemos afirmar que la naturaleza desempeña un papel bien fundamental en el proceso económico y, por ende, en la formación del valor.

 

Esta forma de concebir el desarrollo, pone de relieve las necesarias mejoras de las metodologías disponibles, que como la relación beneficio‑costo busca ponderar los efectos positivos y negativos de una decisión de inversión, que se expresa intrínsecamente en fuerzas internas propias de un emprendimiento pero que trasciende y perturba en mayor en menor escala su entorno.  Nuestro propósito es sin duda en esta oportunidad otorgar la mayor importancia a los costos y beneficios que se manifiesten principalmente por alteraciones del «medio ambiente» y producen «externalidades», tales como el calentamiento global

y el efecto invernadero, que alteran en mayor o menor grado y ponen en riesgo el funcionamiento de las comunidades y su entorno. Queda claro entonces, como la ejecución y operación de un proyecto puede afectar el nivel de bienestar de ciertos grupos sociales, también el estado de la naturaleza, y en algunos casos la operación de otros proyectos y por ende el engranaje funcional de la economía.

Juan Jose Miranda M

Octubre de 2017

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